Que nada turbe su paso ignoto
De piel gastada en vana incertidumbre
Lleva las manos atadas a dos espejos
Libre de reflejo, pródigo de alcohol
Agua embustera para disimular la inquina negra.
Su rostro vacío se deslumbra como perlas tristes
La miel ha escapado vacilante y se ha secado
Lleva el alma en desconsuelo necia de dolor
Ferviente de polvo y ceniza
Árida de fe.
Su renuente máscara lo cobija
Como los días del desdén amargo
Como si tristeza llevara prisa.
sábado, mayo 22, 2010
viernes, mayo 21, 2010
Liberación: Poesía.
I
Para no romper las olas con su llanto
Ella guarda silencio.
Llena de rencor ajeno su corazón se encoge en un reto imposible de asir.
La tristeza se impone como la solemnidad del gato que entre la noche se dispersa
imposible de de ver, imposible de amar.
II
Que su sombra el sol derrita
Que juegue a detener el reloj de la plaza
Que juegue a no verme
Que sacuda el polvo de los rincones que jamás tocó
Quién más que él que sabe lo que ha divido.
III
Si volvieras mis caderas a cimbrar,
con suave lino y frenesí.
No habría duda que nos separe,
Un cuarto menguante, el lugar perfecto
Y casí al hastío sobrenatural
el sudor nos convertiría en uno.
Para no romper las olas con su llanto
Ella guarda silencio.
Llena de rencor ajeno su corazón se encoge en un reto imposible de asir.
La tristeza se impone como la solemnidad del gato que entre la noche se dispersa
imposible de de ver, imposible de amar.
II
Que su sombra el sol derrita
Que juegue a detener el reloj de la plaza
Que juegue a no verme
Que sacuda el polvo de los rincones que jamás tocó
Quién más que él que sabe lo que ha divido.
III
Si volvieras mis caderas a cimbrar,
con suave lino y frenesí.
No habría duda que nos separe,
Un cuarto menguante, el lugar perfecto
Y casí al hastío sobrenatural
el sudor nos convertiría en uno.
martes, junio 16, 2009
À la folie... pas du tout.
El hombre, sus brazos musicales, su cuello y su torso se alargan en un desesperado gesto imposible de asir el Amor. Sus manos de mármol emergen del seno y del hombro del cuerpo del que nunca debieron separarse, y al que siempre pertenecerán. La perfección de la anatomía esculpida —cada músculo vivamente acariciado, besado, cuidado con infinito mimo— es fiel reflejo de la profundidad del intenso deseo, que el cincel respetó. La mujer alberga en su mente el dolor, el ansia, la sed devoradora del hombre al que quiso permanecer unida en total comunión y cuya separación la llevó a la locura. El silencio que rodea los cuerpos es palpitante. Cerrando los ojos, en el museo parecen escucharse sus voces de placer, de insomnio, de melancolía, el acento alegre en las palabras osadas, como si un viento cálido entrase bruscamente en la estancia. Y los lamentos, los jadeos, las risas, los sollozos, la música del Amor. Igualmente se percibe el perfume de los dos cuerpos que, al unísono, transpiran pasión, luz, vida. Ondas. Partículas. Emotivos mármoles vivientes de desnudez perlada: Camille Rodin, Auguste Claudel.VAILIMA
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VAILIMA
viernes, mayo 08, 2009
Soñé que vivía en un lugar sin domicilio.
Pérdido y solo andaba yo.
La gente me miraba sin verme en el espacio.
Y pasaban de largo con ojos de piedra.
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Allen Ginsberg
lunes, enero 26, 2009
Objetivos varios
Si el objetivo es alcanzar el número uno, puedes ir borrándome de la lista. Al fin y al cabo, sólo soy un par de manos abiertas, palmas hacia arriba, extendidas sobre la mesa. Tan inofensiva como pintar un amanecer del color de tus ojos, y de vez en cuando contarte un poco, apenas una diapositiva, acerca de la mujer que buscaba la felicidad armada con un cazamariposas y media sonrisa; aquella chica que caminó durante tanto tiempo y que acabó en una vía muerta al otro lado de la frontera, donde los sueños dejan de respirar.
Convertidos en extraños, completos desconocidos que cada vez que se encuentran, sacuden el polvo acumulado de sentirse incompletos, pronuncian cuatro palabras en un mal español y juegan a detener los relojes de la plaza. Hay tanta gente dentro de mí que no vas a conseguir asignarme una posición, un puesto en la clasificación, nada de archivadores ni tablas de contingencia. Únicamente un hilo verde nos une, tan delgado que los demás no lo notan hasta que tropiezan con él. Puedes consumirte en tu propio fuego sí es lo que pretendes. Yo sólo soy las manos extendidas.
martes, septiembre 02, 2008
Línea libre
Hoy es un buen día para las descripciones deshonestas, más que una descripción, estas podrían ser un compendio de líneas libres sin razón aparente. Me ha pasado frecuentemente que cuando narro una historia que me ha sucedido, muchos no la creen. Yo, en verdad, para esas cosas no tengo mucha imaginación y cuando las escribo o las cuento, soy breve y parca. Cuando escribo mis historias se llenan de imágenes y la realidad se desvirtúa, entonces ya no sé lo que es cierto y lo que no. Antes, bastante antes, pensaba que la muerte me andaba buscando desnuda y con zapatos, y yo huía y me escondía en lugares extraños. He imaginado que he tenido dos infartos, un enfisema, y que la muerte hizo tantos simulacros conmigo, que en verdad más que un temor ahora espero la versión final. Hubo una época en que me moría casi todos los días. Me volví adicta a los testamentos en hojas de cuaderno Surco, a las despedidas personales, y a los adioses silenciosos. Mucho después, hubo otra época en mi vida en la que quería ser atea y no aceptar la creencia en Dios, pero me fue imposible y sin ningún argumento en contra decidí hacer las paces y hablar con Él. La cosa empezó con unas conversaciones modestas y luego siguieron las discusiones, los actos violentos, las agresiones, las ofensas verbales y a ninguno de estas les hacía caso... Él era eterno.
sábado, abril 05, 2008
Caja de música - J.L.Borges, Pedro Aznar.
Música del Japón. Avaramente
De la clepsidra se desprenden gotas
De lenta miel o de invisible oro
Que en el tiempo repiten una trama
Eterna y frágil, misteriosa y clara.
Temo que cada una sea la última.
Son un ayer que vuelve.
¿De qué templo,
De qué leve jardín en la montaña,
De qué vigilias ante un mar que ignoro,
De qué pudor de la melancolía,
De qué perdida y rescatada tarde,
Llegan a mí, su porvenir remoto?
No lo sabré. No importa.
En esa músicaYo soy.
Yo quiero ser.
Yo me desangro.
Te la hice escuchar, ojalá la disfrutes tanto como cuando la escucho yo.
De la clepsidra se desprenden gotas
De lenta miel o de invisible oro
Que en el tiempo repiten una trama
Eterna y frágil, misteriosa y clara.
Temo que cada una sea la última.
Son un ayer que vuelve.
¿De qué templo,
De qué leve jardín en la montaña,
De qué vigilias ante un mar que ignoro,
De qué pudor de la melancolía,
De qué perdida y rescatada tarde,
Llegan a mí, su porvenir remoto?
No lo sabré. No importa.
En esa músicaYo soy.
Yo quiero ser.
Yo me desangro.
Te la hice escuchar, ojalá la disfrutes tanto como cuando la escucho yo.
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