
La carretera oscura, un cigarrillo colectivo en mi manos, la misma excursión nocturna los fines de semana, con algo de propina en el bolsillo para comprar alguna bebida alcoholizante que nos dejara por algunas horas inconcientes. Las ganas de ensimismarnos y la de respirar la brisa playera disipaban el largo camino que nos tocaba por recorrer, brisa que nos secaba los labios, buscando entre las olas algún amigo interesante, que amilane con una turbulenta mezcla de fluidos, la monótona y aburrida compañía de la soledad. Fueron muchas las veces en la que decimos por cuenta propia, reencontrarnos con aquella mística influencia salina, llena de marejadas absolutas, mezcla de embelezante belleza, que entre sus noches impacientes escondía Huanchaco, nuestro paraíso por decirlo así, el único lugar donde no existian las penas ni remordiemientos, donde se promovían ratos de vana conversación fluida, intentando hacer volar pequeños corazones perdidos en busca de una inexacta madurez.
Con los años algunos amigos migraron, otros tantos encontraron la mitad del sol y detestaron la noche, el auto en el que partiamos por la noches fue vendido a un precio irrisorio, la música que soliamos escuchar paso de moda, yo decidi enderezar mis ramas y ponerme a estudiar. Ahora tan solo nos quedan los recuerdos de una nostalgica y bohemia adolescencia en busca del mar.
Con los años algunos amigos migraron, otros tantos encontraron la mitad del sol y detestaron la noche, el auto en el que partiamos por la noches fue vendido a un precio irrisorio, la música que soliamos escuchar paso de moda, yo decidi enderezar mis ramas y ponerme a estudiar. Ahora tan solo nos quedan los recuerdos de una nostalgica y bohemia adolescencia en busca del mar.




1 comentario:
La playa me trae tantos recuerdos, sobretodo en la adolescencia . . .
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