Al amparo de los libros nació una actividad que, con el tiempo se convertiría en una tradición. En este periodo de expansión donde los libreros se vuelven necesarios y el ser librero comienza a verse como un oficio ilustre propio de hombres cultos cuya única pasión es ser el nexo indiscutible entre el lector y su más preciado bien el libro.
Quién imaginaría que algunas de las galerías del Mercado
Búfalo Barreto más conocido como “La Unión”, la avenida Juan Pablo Segundo en la Universidad Nacional de Trujillo y una de las más excéntricas de las galerías ubicadas al costado del ya extinto Centro Comercial Las Malvinas, servirían como vitrina de expendio ambulante para escritores como un genial Gabriel García Márquez, Cesar Vallejo y un no menos conocido Mario Vargas Llosa. El común denominador de estos ilustres literatos bien podría ser su magnifico aporte a la literatura, pero si hablamos de estos tres lugares más concurridos en la ciudad de Trujillo, el común denominador sería nada más y nada menos que la venta de sus grandes obras de manera ambulatoria.
La historia se remonta a más de cinco mil años, con el nacimiento de la joya más preciada que el hombre en todo su periodo de evolución ha podido crear, el libro. Su importancia en el desarrollo cultural de los pueblos ha sido determinante, en él han quedado registrados los grandes acontecimientos de la humanidad tanto sociales, como políticos y culturales.
El libro deriva de la palabra latín liber, que significa corteza de un árbol y que fue el primer soporte sobre el cual se escribió primitivamente. Gracias a esta corteza es que hoy en día podemos tener en nuestras manos este bien tangible lleno de sabiduría como lo es el libro y por el cual lamentablemente se tienen que talar más de 15 árboles para finalmente poder tenerlo como producto terminado, digo lamentablemente porque en muchos casos no le damos un merecido uso y mucho menos la importancia que este refiere. En el afán de querer dejar un legado histórico, en la antigua Asiría se utilizaron tabillas de arcilla para posteriormente cambiarlas por el papiro que se utilizó en forma de rollo. Ya situados en la Edad Media se utilizó otro soporte de mucha más importancia, el pergamino, estos iban adornados a veces con cintas de colores, formando los códices – que eran un conjunto de hojas rectangulares que formaban parte del papiro, estas son las primeras muestras de que el egoísmo en el hombre no trasciende su deseo de querer brindar sus conocimientos.
Hacia 1040, el artista chino Pi – Sheng Meng utilizaría los primeros tipos móviles, adelantándose en cuatro siglos a Gutenberg. En 1453 éste inventaría la imprenta, extendiéndose rápidamente por toda Europa, iniciándose una etapa magnifica para la difusión del libro. En 1500 Manucio, fundador de la Imprenta Aldina le brindaría un estilo propio al reducirle el formato, por lo que el hábito de la lectura se extiende notablemente. La primera obra impresa por Gutenberg fue la Biblia llamada Mazarina. La imprenta marcó un momento histórico como pocos, permitió la impresión de grandes cantidades de libros. Los libros han sido el detonador de los grandes movimientos sociales y han registrado la historia, la cultura y las pasiones del ser humano. Pero, por encima de todo, han permitido la difusión del conocimiento. En suma, los libros son una lección y espejo de la vida.
Al amparo de los libros nació una actividad que, con el tiempo se convertiría en una tradición. En este periodo de expansión donde los libreros se vuelven necesarios y el ser librero comienza a verse como un oficio ilustre propio de hombres cultos cuya única pasión es ser el nexo indiscutible entre el lector y su más preciado bien el libro, un bien que no le pertenece porque finalmente tendrá que entregárselo a cambio de unas cuantas monedas a personas ávidas de conocimiento y del cual él se sentirá seguro le dará la misma importancia que él dio cuando los tuvo entre sus manos.
¿Pero quién es el librero? ¿Lo conocemos, tiene nombre y apellido? ¿Y de qué vive un librero? El librero vive hoja a hoja, letra a letra, palabra a palabra, se refugia detrás de un mostrador o delante de el, permanece en silencio mientras el nuevo visitante ojea cada rincón empolvado de sus estantes llenos de conocimiento, hasta que finalmente se atreve a solicitud del comprador, a entablar una breve, a veces larga conversación, donde el librero servirá de guía para mostrarle el mundo donde las palabras adquieren vida propia y las historias también.
Por esos azares del destino casi siempre los visualizamos formando parte de una vistosa librería estratégicamente ubicada o tratando de recomendar entre sus preferidos a los que el considera los mejores escritores para una buena e interesante lectura, casi siempre los imaginamos dependiendo de un lugar el cual utiliza como única guarida. Pero que sucede cuando un librero innova y hace suyos espacios que no le pertenecen, se apropia de avenidas concurridas, mercados informales y contra todo lo que se pudiera imagin
ar, entre estos puestos de madera, techos de calamina e improvisados telares formando una gran alfombra roja y hasta peligrosas conexiones eléctricas, habitan personas que tienen en común un sano vicio: la lectura.
Germán Salazar Altamirano, tiene 60 años y 28 de los cuales los ha dedicado a la venta de libros, el posee un pequeño puesto en la segunda cuadra de la avenida Santa, que pertenece al mercado Búfalo Barreto más conocido como la Unión. Don Germán, prefiere que lo llamen así, pudo ser un gran profesional, pero no pudo concluir sus estudios de Educación Primaria por la falta de recursos económicos por la cual atravesaba su familia cuando el ingresó a la Universidad Nacional de Trujillo, esto no ha mermado en lo absoluto su afán de conocimiento, dice leer todos los libros que llegan a sus manos. Siente una gran admiración por la literatura peruana y menciona algunos de sus favoritos entre ellos Pablo Neruda, César Vallejo y Mario Vargas Llosa. Don German luce cansado casi siempre esquivo, su esposa la señora Rosa, culmina siempre las oraciones que Don Germán no quiere terminar de decir, poco a poco se va desprendiendo de la capa de timidez y desconfianza que mantenía al principio.
“La vida es dura”, explica Don Germán, “Cuando era joven yo pensaba que el mundo era mejor, yo era romántico de joven”, sentencia. Lleva puesto un pantalón marrón, camisa beige y unos grandes anteojos ocultan y le brindar nitidez a su mirar. Se siente orgulloso porque uno de sus hijos el más estudioso como dice él, ha heredado el habito de leer, pero reniega cuando se le pregunta si lo que gano hoy le servirá para vivir mañana “Este no es un negocio rentable señorita, hace 28 años que decidí dedicarme a este oficio, viajo mensualmente a comprar Libros a Lima, he conocido gente muy culta y honrosa con la que he intercambiado ideas, muy a pesar de todo tengo que decir que este no es un negocio rentable”, Don Germán ha tenido que aprender múltiples oficios que en conjunto con la venta de libros pueden ayudar a mantener su hogar, “Soy electricista, vendo llaves, ferretería, cocinas eléctricas, ollas a kerosén y aún así no alcanza para vivir, pero me conformo con la tranquilidad de los libros y mi negocio, si me alcanza para comer mañana me siento tranquilo”, dice Don Germán, un hombre apenado por la falta de interés de los jóvenes por la lectura, el ha podido palpar de manera muy personal el problema y explica que el Internet más allá de ser un facilitador de conocimientos es un instrumento realizador de tareas escolares sin mayor esfuerzo.
“Tengo miles de anécdotas que me hacen sentir muy orgulloso de la afición de muchos de mis paisanos. Ahora ya retirado me encuentro con personas que me expresan su satisfacción, pues no olvidan a su librero y gracias al cual tienen en su casa una pequeña biblioteca. Mucha gente logró comprar libros pagando a algún sol diario, cuota que establecí y que por desgracia no tuvo el éxito que yo esperaba. ¡Que difícil era vender libros!”. Don German extraña hasta la cuota diaria.
Como dicen las frases del pregón Español del siglo XVIII, que son un reflejo exacto de lo que es un verdadero vendedor de libros: uno quiere tener muchos libros y tomarles cariño, jamás podrías desprenderte de ellos, pero después ves a las personas que desean leer los libros que tu vendes y no tienen medios para poder obtenerlos, quisieras dárselos pero tu vives de las ventas. Entonces parece que en el siglo XVIII el problema era el mismo.
Actualmente, y ya desde el retiro comercial, yo todavía dispongo de miles de libros que por una parte desearía vender, pero por otra parte casi siempre termino regalando. Parece que al final de mi trayectoria puedo por fin cumplir un gran anhelo: ante los ojos ávidos de los que quieren leer libros ¡PODER DÁRSELOS!
Quién imaginaría que algunas de las galerías del Mercado
La historia se remonta a más de cinco mil años, con el nacimiento de la joya más preciada que el hombre en todo su periodo de evolución ha podido crear, el libro. Su importancia en el desarrollo cultural de los pueblos ha sido determinante, en él han quedado registrados los grandes acontecimientos de la humanidad tanto sociales, como políticos y culturales.
El libro deriva de la palabra latín liber, que significa corteza de un árbol y que fue el primer soporte sobre el cual se escribió primitivamente. Gracias a esta corteza es que hoy en día podemos tener en nuestras manos este bien tangible lleno de sabiduría como lo es el libro y por el cual lamentablemente se tienen que talar más de 15 árboles para finalmente poder tenerlo como producto terminado, digo lamentablemente porque en muchos casos no le damos un merecido uso y mucho menos la importancia que este refiere. En el afán de querer dejar un legado histórico, en la antigua Asiría se utilizaron tabillas de arcilla para posteriormente cambiarlas por el papiro que se utilizó en forma de rollo. Ya situados en la Edad Media se utilizó otro soporte de mucha más importancia, el pergamino, estos iban adornados a veces con cintas de colores, formando los códices – que eran un conjunto de hojas rectangulares que formaban parte del papiro, estas son las primeras muestras de que el egoísmo en el hombre no trasciende su deseo de querer brindar sus conocimientos.
Hacia 1040, el artista chino Pi – Sheng Meng utilizaría los primeros tipos móviles, adelantándose en cuatro siglos a Gutenberg. En 1453 éste inventaría la imprenta, extendiéndose rápidamente por toda Europa, iniciándose una etapa magnifica para la difusión del libro. En 1500 Manucio, fundador de la Imprenta Aldina le brindaría un estilo propio al reducirle el formato, por lo que el hábito de la lectura se extiende notablemente. La primera obra impresa por Gutenberg fue la Biblia llamada Mazarina. La imprenta marcó un momento histórico como pocos, permitió la impresión de grandes cantidades de libros. Los libros han sido el detonador de los grandes movimientos sociales y han registrado la historia, la cultura y las pasiones del ser humano. Pero, por encima de todo, han permitido la difusión del conocimiento. En suma, los libros son una lección y espejo de la vida.
Al amparo de los libros nació una actividad que, con el tiempo se convertiría en una tradición. En este periodo de expansión donde los libreros se vuelven necesarios y el ser librero comienza a verse como un oficio ilustre propio de hombres cultos cuya única pasión es ser el nexo indiscutible entre el lector y su más preciado bien el libro, un bien que no le pertenece porque finalmente tendrá que entregárselo a cambio de unas cuantas monedas a personas ávidas de conocimiento y del cual él se sentirá seguro le dará la misma importancia que él dio cuando los tuvo entre sus manos.
¿Pero quién es el librero? ¿Lo conocemos, tiene nombre y apellido? ¿Y de qué vive un librero? El librero vive hoja a hoja, letra a letra, palabra a palabra, se refugia detrás de un mostrador o delante de el, permanece en silencio mientras el nuevo visitante ojea cada rincón empolvado de sus estantes llenos de conocimiento, hasta que finalmente se atreve a solicitud del comprador, a entablar una breve, a veces larga conversación, donde el librero servirá de guía para mostrarle el mundo donde las palabras adquieren vida propia y las historias también.
Por esos azares del destino casi siempre los visualizamos formando parte de una vistosa librería estratégicamente ubicada o tratando de recomendar entre sus preferidos a los que el considera los mejores escritores para una buena e interesante lectura, casi siempre los imaginamos dependiendo de un lugar el cual utiliza como única guarida. Pero que sucede cuando un librero innova y hace suyos espacios que no le pertenecen, se apropia de avenidas concurridas, mercados informales y contra todo lo que se pudiera imagin
ar, entre estos puestos de madera, techos de calamina e improvisados telares formando una gran alfombra roja y hasta peligrosas conexiones eléctricas, habitan personas que tienen en común un sano vicio: la lectura.Germán Salazar Altamirano, tiene 60 años y 28 de los cuales los ha dedicado a la venta de libros, el posee un pequeño puesto en la segunda cuadra de la avenida Santa, que pertenece al mercado Búfalo Barreto más conocido como la Unión. Don Germán, prefiere que lo llamen así, pudo ser un gran profesional, pero no pudo concluir sus estudios de Educación Primaria por la falta de recursos económicos por la cual atravesaba su familia cuando el ingresó a la Universidad Nacional de Trujillo, esto no ha mermado en lo absoluto su afán de conocimiento, dice leer todos los libros que llegan a sus manos. Siente una gran admiración por la literatura peruana y menciona algunos de sus favoritos entre ellos Pablo Neruda, César Vallejo y Mario Vargas Llosa. Don German luce cansado casi siempre esquivo, su esposa la señora Rosa, culmina siempre las oraciones que Don Germán no quiere terminar de decir, poco a poco se va desprendiendo de la capa de timidez y desconfianza que mantenía al principio.
“La vida es dura”, explica Don Germán, “Cuando era joven yo pensaba que el mundo era mejor, yo era romántico de joven”, sentencia. Lleva puesto un pantalón marrón, camisa beige y unos grandes anteojos ocultan y le brindar nitidez a su mirar. Se siente orgulloso porque uno de sus hijos el más estudioso como dice él, ha heredado el habito de leer, pero reniega cuando se le pregunta si lo que gano hoy le servirá para vivir mañana “Este no es un negocio rentable señorita, hace 28 años que decidí dedicarme a este oficio, viajo mensualmente a comprar Libros a Lima, he conocido gente muy culta y honrosa con la que he intercambiado ideas, muy a pesar de todo tengo que decir que este no es un negocio rentable”, Don Germán ha tenido que aprender múltiples oficios que en conjunto con la venta de libros pueden ayudar a mantener su hogar, “Soy electricista, vendo llaves, ferretería, cocinas eléctricas, ollas a kerosén y aún así no alcanza para vivir, pero me conformo con la tranquilidad de los libros y mi negocio, si me alcanza para comer mañana me siento tranquilo”, dice Don Germán, un hombre apenado por la falta de interés de los jóvenes por la lectura, el ha podido palpar de manera muy personal el problema y explica que el Internet más allá de ser un facilitador de conocimientos es un instrumento realizador de tareas escolares sin mayor esfuerzo.
“Tengo miles de anécdotas que me hacen sentir muy orgulloso de la afición de muchos de mis paisanos. Ahora ya retirado me encuentro con personas que me expresan su satisfacción, pues no olvidan a su librero y gracias al cual tienen en su casa una pequeña biblioteca. Mucha gente logró comprar libros pagando a algún sol diario, cuota que establecí y que por desgracia no tuvo el éxito que yo esperaba. ¡Que difícil era vender libros!”. Don German extraña hasta la cuota diaria.
Como dicen las frases del pregón Español del siglo XVIII, que son un reflejo exacto de lo que es un verdadero vendedor de libros: uno quiere tener muchos libros y tomarles cariño, jamás podrías desprenderte de ellos, pero después ves a las personas que desean leer los libros que tu vendes y no tienen medios para poder obtenerlos, quisieras dárselos pero tu vives de las ventas. Entonces parece que en el siglo XVIII el problema era el mismo.
Actualmente, y ya desde el retiro comercial, yo todavía dispongo de miles de libros que por una parte desearía vender, pero por otra parte casi siempre termino regalando. Parece que al final de mi trayectoria puedo por fin cumplir un gran anhelo: ante los ojos ávidos de los que quieren leer libros ¡PODER DÁRSELOS!



