
Las entrañas de un bar, el aroma de una taza de café recién servida, un vaso de alcohol, el humo de un cigarrillo, la tertulia distendida en largas reflexiones, ambientes decorados y musicalizados muy particularmente, son los elementos insustituibles para encontrar el significado de la palabra bohemia.
A finales del siglo XVIII, aparece en el Reino Unido y Alemania un movimiento cultural que revolucionaria la importancia y el significado de la supremacía del sentimiento. Se trata del Romanticismo, una corriente artística muy apropiada para expresar lo pasional y lo emotivo, auténtico por su búsqueda constante de la libertad y su incuestionable rasgo revolucionario. El nacimiento de esta corriente artística sirvió como antecedente para entender el surgimiento de un movimiento social, cultural y literario que caracteriza a la bohemia.
El término “Bohemia” aparece por primera vez en el siglo XIX, con el escritor francés Henri Murguer, en su obra más destacada “Escenas de una vida bohemia”, que en sus inicios salió en forma de entregas dentro de la revista Le Corsaire entre 1846 y 1849. En 1849, Murger en colaboración con Teodore Barrière adaptan los escritos en una exitosa versión teatral, que finalmente aparecería como libro en 1851, primero bajo el título Scènes de la bohème, para finalmente adoptar el título con la que hoy la conocemos en 1855, Scènes de la vie bohème, que relata con mera fascinación la vida de un conjunto de artistas mediocres que vivían días de extrema exaltación, fundidos entre el alcoholismo y la depresión. La obra fue todo un éxito, tanto que sirvió de inspiración al gran compositor de ópera, el italiano Giacomo Puccini, así como al cineasta finlandés Aki Kaurismaki, quien descifró el mundo de la bohemia desde su perspectiva audiovisual.
La Bohemia de hoy 
Desde la época colonial y los albores de la República, Trujillo revive su pasado ostentando un conjunto de señoriales casonas que actualmente vienen siendo el refugio indispensable para los bohemios amantes del arte de nuestra ciudad.
Cuando el sol se oculta y la mayoría de los trujillanos se retira a sus hogares, la ciudad adquiere otro rostro y los seguidores de la vida nocturna se aprestan a vivir jornadas de jolgorio y diversión. Es la bohemia Trujillana, la cual está marcada no sólo por la tertulia, sino también por lugares de encuentro de artistas y amantes de la cultura.Un mundo con bastante historia, donde destacan espacios que ya desaparecieron, y otros que siguen vigente.
Texturas en StradivariusDebe haber algún misterio para que la particularidad de estos ambientes sea el de una casona. Más allá de que el centro de Trujillo, ostente las mejores casonas coloniales del Norte del país, muy hubiera podido pasar que este Café Bar este situado en otro lugar dentro de los alrededores de Trujillo. La cuadra siete de Colón en el Centro Histórico de Trujillo

, se ha convertido hace exactamente 4 años en el punto de encuentro más concurrido, para los bohemios actuales de nuestra localidad, seres amantes de la literatura, la buena conversación y de los lugares íntimos.
A simple vista esta fachada amarilla parece no llamar la atención, sino fuera por el letrero de metal dorado que te da la bienvenida, fácilmente pasaría de – sapercida. La casona pertenece al pintor Trujillano Rafael Lizarzaburen, sus abuelos se lo dejaron como herencia hace algunos años, según cuenta la casa completa era todo una manzana, pero que debido a la repartición de herencia y la venta de alguna de sus partes, el lugar de Rafael Lizarzaburen, donde hoy queda el Stradivarius, ha quedado reducido a la misteriosa casona de Colón 727.
En un primer momento la creación del Stradivarius, sólo fue un pretexto para que los amigos de Rafael Lizarzaburen, tuvieran un lugar donde compartir las horas del día que les quedaban desocupadas. La mayoría de los clientes de Stradivarius son amigos de dueño, quienes tienen un principal apego por el mundo del arte, son pintores, poetas, músicos, personas con un vasto y amplio conocimiento cultural. Las mejores conversaciones según Oto Huanacary, se han dado en el Stradivarius. El lugar ha sido engalanado con la presencia de Iván Thays, José Murgia Sanier, Luis Eduardo García, el pintor Gerardo Chávez. El local abre de lunes a viernes de 8pm a 12pm y fin de semana hasta las 4 o 5 de la mañana. La barra es el mejor de los elementos que conforman Stradivarius, su costo asciende a 5000 dólares, las paredes lucen cuadros de pintores muy importantes de Trujillo, si bien es cierto forman parte de la decoración, pero el verdadero interés es la venta de los mismos, amigos pintores piden de favor un espacio dentro del recinto que sirva como vitrina para poder apreciarlos y comercializarlos. Son cuatro los ambientes, dos salas que fueron remodeladas recientemente. Las pinturas forman parte indispensable del lugar, así como objetos franceses, alemanes, búlgaros y griegos, también los hay nacionales, no existe visitante hasta el día de hoy que no haya ingresado al local y no se haya maravillado por la gran cantidad de objetos de colección que hay dentro de Stradivarius.
Nunca nadie ha bebido más de la cuenta, claro nadie que no sea los amigos de Rafael el dueño. Según dice Oto Huanacary, de 27 años y natural de Iquitos, que el atractivo del lugar tiene mucho que ver con el trago que el hace 2 años creo y este es el Coco sol, que tiene como ingredientes al vodka, la maracayá, goma de coco, azúcar y dos gotas muy atinadas de limón. Oto se siente orgulloso porque gracias a este trago el gano el premio a el mejor trago 2005 en su centro de estudios, con mas de 100 personas participando por el mismo puesto.
El clientes siempre tiene razón en cuanto a sonidos, felizmente replica Oto, mis clientes tienen buenos gustos musicales, entre los géneros preferidos de los bohemio asistentes al Stradivarius, se puede escuchar música Clásica, Blues, Jazz, Bosanova, los tangos de Gardel.
Otra de las pertenencias del Stradivarius es un Samovar Ruso, que era donde se calentaba agua para el té.
Existe una pequeña biblioteca para los amantes de la historia y la literatura, quienes pueden ir tomando un trago y leer el libro que prefieran.
Un lugar pensado para los amigos íntimos, personajes selectos de la escena cultural se rinden ante la majestuosidad de los ambientes, la buena música, un buen libro, una buena conversación y porque no un trago del amable Oto Huaynacarí.