martes, setiembre 02, 2008

Línea libre

Hoy es un buen día para las descripciones deshonestas, más que una descripción, estas podrían ser un compendio de líneas libres sin razón aparente. Me ha pasado frecuentemente que cuando narro una historia que me ha sucedido, muchos no la creen. Yo, en verdad, para esas cosas no tengo mucha imaginación y cuando las escribo o las cuento, soy breve y parca. Cuando escribo mis historias se llenan de imágenes y la realidad se desvirtúa, entonces ya no sé lo que es cierto y lo que no. Antes, bastante antes, pensaba que la muerte me andaba buscando desnuda y con zapatos, y yo huía y me escondía en lugares extraños. He imaginado que he tenido dos infartos, un enfisema, y que la muerte hizo tantos simulacros conmigo, que en verdad más que un temor ahora espero la versión final. Hubo una época en que me moría casi todos los días. Me volví adicta a los testamentos en hojas de cuaderno Surco, a las despedidas personales, y a los adioses silenciosos. Mucho después, hubo otra época en mi vida en la que quería ser atea y no aceptar la creencia en Dios, pero me fue imposible y sin ningún argumento en contra decidí hacer las paces y hablar con Él. La cosa empezó con unas conversaciones modestas y luego siguieron las discusiones, los actos violentos, las agresiones, las ofensas verbales y a ninguno de estas les hacía caso... Él era eterno.