Que nada turbe su paso ignoto
De piel gastada en vana incertidumbre
Lleva las manos atadas a dos espejos
Libre de reflejo, pródigo de alcohol
Agua embustera para disimular la inquina negra.
Su rostro vacío se deslumbra como perlas tristes
La miel ha escapado vacilante y se ha secado
Lleva el alma en desconsuelo necia de dolor
Ferviente de polvo y ceniza
Árida de fe.
Su renuente máscara lo cobija
Como los días del desdén amargo
Como si tristeza llevara prisa.
sábado, mayo 22, 2010
viernes, mayo 21, 2010
Liberación: Poesía.
I
Para no romper las olas con su llanto
Ella guarda silencio.
Llena de rencor ajeno su corazón se encoge en un reto imposible de asir.
La tristeza se impone como la solemnidad del gato que entre la noche se dispersa
imposible de de ver, imposible de amar.
II
Que su sombra el sol derrita
Que juegue a detener el reloj de la plaza
Que juegue a no verme
Que sacuda el polvo de los rincones que jamás tocó
Quién más que él que sabe lo que ha divido.
III
Si volvieras mis caderas a cimbrar,
con suave lino y frenesí.
No habría duda que nos separe,
Un cuarto menguante, el lugar perfecto
Y casí al hastío sobrenatural
el sudor nos convertiría en uno.
Para no romper las olas con su llanto
Ella guarda silencio.
Llena de rencor ajeno su corazón se encoge en un reto imposible de asir.
La tristeza se impone como la solemnidad del gato que entre la noche se dispersa
imposible de de ver, imposible de amar.
II
Que su sombra el sol derrita
Que juegue a detener el reloj de la plaza
Que juegue a no verme
Que sacuda el polvo de los rincones que jamás tocó
Quién más que él que sabe lo que ha divido.
III
Si volvieras mis caderas a cimbrar,
con suave lino y frenesí.
No habría duda que nos separe,
Un cuarto menguante, el lugar perfecto
Y casí al hastío sobrenatural
el sudor nos convertiría en uno.
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