Que nada turbe su paso ignoto
De piel gastada en vana incertidumbre
Lleva las manos atadas a dos espejos
Libre de reflejo, pródigo de alcohol
Agua embustera para disimular la inquina negra.
Su rostro vacío se deslumbra como perlas tristes
La miel ha escapado vacilante y se ha secado
Lleva el alma en desconsuelo necia de dolor
Ferviente de polvo y ceniza
Árida de fe.
Su renuente máscara lo cobija
Como los días del desdén amargo
Como si tristeza llevara prisa.
sábado, mayo 22, 2010
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